Desde su experiencia en InnoUp, una compañía biotecnológica navarra centrada en el desarrollo de fármacos basados en nanomedicina, Maite Agüeros aporta su perspectiva sobre cómo mirar a China y qué pueden aprender y obtener las empresas navarras allí.
Maite Agüeros
CEO y socia fundadora de InnoUp Farma
Qué hace diferente a China
Innoup, como startup, hizo su primera misión a Shanghai y culminó en 2025 con un acuerdo de colaboración con el gobierno de la región de Baoshan.
Cuando aterricé por primera vez en Shanghai, me dí cuenta que China es que es un sistema operativo diferente. Quizás desde Europa mirábamos a China como un país lejano, complejo, incluso difícil. Pero una vez que estás allí, yo creo que todos nos damos cuenta de que es algo muchísimo más profundo que esto. Para mí China no es que solo sea más grande, es que es diferente. Y yo creo que es el primer paso por donde hay que empezar: ¿En qué son diferentes? ¿Y qué es lo que podemos aprovechar?
Considero que son diferentes en tres aspectos clave. El primero es la velocidad. En nuestro caso, por ejemplo, en la velocidad en el desarrollo de nuevos medicamentos. Para desarrollar un medicamento innovador en Europa o en Estados Unidos, pueden pasar diez o quince años perfectamente y allí la velocidad del desarrollo de nuevas tecnologías es vertiginosa. Además, actualmente lo que es la FDA china (la NNPA) está acelerando significativamente los tiempos regulatorios y de ejecución clínica, algo que aquí todavía es impensable. Allí las decisiones se toman muy rápido, los proyectos se ejecutan rápido, y el aprendizaje ocurre durante el proceso. Es algo diferente de lo que hacemos aquí. Aquí primero validamos, y después nos lanzamos. Pero con esta otra manera de hacer, han generado una ventaja competitiva muy grande.
La segunda gran diferencia para mí es la escala que hay desde el principio. Allí hay 1400 millones de habitantes. En nuestro sector y, creo que es extrapolable al resto, las necesidades que hay, en este caso de medicamentos o dispositivos médicos, no es algo coyuntural, sino que es algo estructural. Y, a la hora de lanzar un proyecto, cuando estás con ellos, ves que no nacen pequeños, los proyectos que nacen allí nacen para satisfacer las necesidades de millones de personas. Esta manera de pensar cómo lanzar un proyecto, es muy diferente. Y, en mi caso, me obliga a hacerme una pregunta bastante importante, que es, ¿estamos construyendo nuestras empresas para competir localmente (y por “localmente”, hablo de Europa, quizás)? ¿O somos capaces de competir en estas ligas globales?
Y a esto se le une otra ventaja muy diferencial, que es el capital disponible. Ahora mismo hay fondos chinos que están buscando activamente tecnología europea, al menos en nuestro sector de biotecnología, para licenciar o para codesarrollar este tipo de productos y favorecer los desarrollos industriales. Porque no se trata solo de vender, sino también de acceder a esa colaboración más estratégica.
Cómo ver a China
Para mí, China no es un país que haya que ver solo como destino, sino que es un socio estratégico potencial. Y, además, existe una alineación muy fuerte entre la estrategia del país, la tecnología y las empresas. Creo que esto es muy importante porque lo que les permite es crear ecosistemas muy potentes, con una capacidad de competencia impresionante.
Centrándome más en nuestro sector, el biotecnológico, y ya más como experiencia personal: ¿por qué vamos a China? En primer lugar, por la escala de mercado. Nos permite validar nuestras soluciones y generar datos muy rápido en un gran número de personas. En otros países, la verdad es que sería impensable, o muy complicado. Otro motivo es la velocidad de ejecución. Nosotros tenemos que ir rápido, y el desarrollo de medicamentos es lento, pero las necesidades médicas no esperan. Poder hacerlo desde China te da esta velocidad. El aprender con ellos, fruto de esa colaboración, nos puede dar una ventaja competitiva tremenda, además del acceso a la inversión, y a los potenciales partners que hay allí.
Por último, también considero importante el aprendizaje estratégico de estar allí, el ver cómo funcionan, cómo hacen las cosas. Te lleva a hacerte una serie de preguntas incómodas porque, si queremos competir en ligas globales, no nos queda otra opción que abrirnos. En el caso de China ya no como un país más, sino como un país realmente muy diferente, porque el colaborar con ellos, o simplemente el pensar en cómo vas a colaborar, te obliga a replantearte cómo desarrollas, cómo estás escalando, cómo hacer sinergia con ellos, cómo posicionas tu tecnología en un entorno que es muchísimo más competitivo que el nuestro, porque es muy diferente nuestra mentalidad a la de ellos. Entonces, aunque hablo de biotecnología, creo que muchas de estas consideraciones pueden ser extrapolables a otros sectores.
¿Qué nos puede aportar China?
Vamos a China para ser mejores y para traer ese valor aquí. Yo creo que esta es la clave fundamental. China no es solo una oportunidad potencial. Para nosotros es mucho más importante, y es un espejo estratégico que nos obliga a hacernos preguntas que, como decía, a veces son bastante incómodas. En este caso, por ejemplo, nosotros pensamos en el desarrollo de medicamentos. Pero, si el mercado es global, ¿de verdad estamos pensando lo suficientemente en grande? Porque estamos desarrollando nuestras tecnologías y la velocidad a la que estamos ejecutando es la adecuada, porque desarrollamos desde Pamplona. Pero el mundo y, sobre todo China, está desarrollando a otra velocidad. Y, en farma, el que llega primero no es que tenga una ventaja competitiva, es que es el que ha llegado. El segundo, para que se apruebe un medicamento, tiene que demostrar que es superior al anterior, y eso puede ser un problema después de todos esos años de desarrollo.
También son claves las ventajas competitivas de lo que estamos desarrollando si nuestra tecnología de verdad es diferencial. En biotecnología, el avance de China en los últimos diez años ha sido espectacular. Eso hace que yo lo vea como una oportunidad, no solo de acceso a un mercado. Porque, ¿qué es lo que tenemos en Europa? Tenemos ciencia, conocimiento, calidad… y China lo que tiene es esa velocidad extraordinaria, esa escalabilidad en ejecución y también en la adopción de las tecnologías. Porque, además, es que no es que las desarrolle rápido, es que las adopta super rápido.
Para mí el futuro creo que no será en elegir uno u otro. Es decir, no es China contra Europa. Sino que los que sean capaces de crear esa sinergia y esa colaboración de los dos mundos de una manera inteligente, serán las empresas más competitivas y habrán cogido las ventajas de estos dos mundos.
Por eso, desde mi experiencia, diría que China no es solo un destino más de internacionalización, sino que es una oportunidad para transformar cómo pensamos nuestras empresas. Es una oportunidad para ganar ambición, para ganar en velocidad y para ganar en visión global. Pero hay que saber que esto no es fácil, porque China es un país que exige un altísimo nivel de preparación y de adopción. Sobre todo en un mundo que cada vez es más incierto y competitivo. Ya no se trata solo de hacer las cosas bien, ahora además tenemos que entender hacia dónde va el mundo y alinearnos con él. Y creo que entender a China es parte de esa respuesta.