Hace años, muchas empresas navarras veían China como un mercado lejano. Hoy, incluso las que nunca han vendido allí se ven afectadas por decisiones tomadas en Pekín.
La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la transición energética, las nuevas políticas industriales y la búsqueda de una mayor autonomía estratégica por parte de Europa están transformando las reglas de juego. Como señalan distintos analistas de referencia, desde Alicia García-Herrero hasta Miguel Otero Iglesias o Federico Steinberg, estamos asistiendo a una reorganización de la economía global en la que la resiliencia, las cadenas de valor y la autonomía estratégica ganan peso frente a la lógica tradicional de costes.
En este nuevo escenario, China ya no puede contemplarse únicamente como un mercado de exportación. Es también un líder industrial, un actor tecnológico de primer nivel, un socio potencial, un competidor cada vez más sofisticado y un nodo central de numerosas cadenas globales de valor. Y eso tiene implicaciones muy concretas para las empresas navarras.